El delirio, un error necesario.
Ahora bien , mientras en una situación empírica el sujeto puede mantenerse voluntaria o involuntariamente en segundo palno, en la fantasía el sujeto adquiere categoría protagonista. En la fantasía, el yo fantaseado es el yo principal, los demás son acólitos de él.La fantasía la construye el sujeto para verse in mente como protagonista de ella.Toda fantasía es fantasía de un yo exultante e hipertrófico. Toda fantasía es fantasía de grandeza, al hacer posible en ella la máxima satisfacción del deseo. Por tanto, en la producción fantástica el sujeto construye un yo al que hace actuar como el yo que desearía ser en realidad (y no puede).La fantasía es la construcción de un yo suficiente para la consecución del objeto del desseo. Sólo desde la suficiencia del yo se logra el objeto; de no lograrse, queda probada la insuficiencia para uno mismo y , eventualmente, también para los demás, es decir, con carácter público.La inmediata función del fantasear es la construcción de un yo suficiente.
Fantasía versus imaginación. Es imprescindible distinguir entre fantasía e imaginación, vocablos que a veces pasan por sinónimos. Mientras que en la fantasía el sujeto se repliega sobre sí mismo hasta el punto de que su realidad virtual suplanta a la realidad real, renunciando a toda acción, en la imaginación el sujeto se representa mentalmente actuando en la realidad de forma que se prepara para intervenir en ella de manera eficaz para el logro de sus deseos. La imaginación, es suma, es un proyecto orientado hacia la realidad. La imaginación es el laboratorio en el que el sujeto ensaya su actuación en la realidad por venir. Un rasgo de interés a este respecto es al carácter coherente/incoherente de ambos discursos. Mientras el de la imaginación, con un pie en la realidad, es un discurso que tiende a la coherencia ( la realidad sigue "mandando"), el de la fantasía, libre de esos "fijadores" de coherencia que la propia realidad impone, tiende a la incoherencia, a la difuminación de los temas, al paso libérrimo de uno a otro sin solución de continuidad.
Carlos Castilla del Pino (psiquiatra)
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