FONDO

martes, 11 de mayo de 2010

Imagenes para hi5, Myspace y Facebook www.d-todos.com


Mas imagenes en www.d-todos.com


Carlos Catilla del Pino

Carlos Castilla del Pino fue un neurólogo, psiquiatra y escritor español. Nació en 1922 en San Roque (Cádiz) y falleció el 15 de mayo de 2009 en Córdoba.

Doctor en Medicina por la Universidad Complutense deMadrid; se formó en el Departamento de Psiquiatría del Hospital General y en el Instituto Cajal, de Madrid. Durante 37 años dirigió el Dispensario de Psiquiatría de Córdoba, en el que se instruyeron más de dos centenares de psiquiatras. Catedrático de Psiquiatría (Universidad de Córdoba), doctor honoris causa por la Universidad de San Marcos (Lima), profesor visitante en muchas universidades europeas y americanas, autor de 27 libros y de 180 monografías de su especialidad, presidió la Fundación Castilla del Pino para la formación y desarrollo de la investigación en psiquiatría.

El delirio es un problema psicopatológico, pero antes que eso concierne a la condición del ser humano en inmediata y perenne relación con la realidad social en la que ha de ser alguien. No "se cae" en le delirio; al delirio "se llega". El hombre no está instalado en al realidad en condiciones de captarla e interpretarla objetivamente. Su visión egocéntrica (la realidad "desde él") y egotista (la realidad "a su modo") son los factores de distorsión básica de la realidad (y de sí mismo), insubsanables. El hombre está, pues, instalado en el error,un eror que "le conviene" porque gracias a el hace de la realidad que hay la realidad que desea, no necesariamente la adecuada. El error como atributo del hombre da continuidad al juicio normal y al delirante sobre la realidad y sobre él mismo. Aunque los casos extremos muestran la apariencia de una tajante separación entre unos y otros, los casos intrermedios son los más.
Carlos Castilla del Pino (psiquiatra)

lunes, 10 de mayo de 2010

De la idea y de la creencia
El delirio está constituido como tal cuando adquiere carácter sistemático. Hasta entonces, el sujeto delira, pero, aún en el supuesto de que desde un punto de vista textual sea coherente, aún está en formación, no se ha cerrado todavía. Por eso, Johanes Lange habla de que todo delirio era equiparable a cualquier otra concepción del mundo (Weltanschauung) no delirante, en el sentido de que no deja puertas abiertas-o las deja mínimamente-ni problemas sin solución,una vez que está fuertemente articulada. Una concepción del mundo implica un sistema, por una parte de evidencias, por otra de creencias, y el valor ( en un sentido axiológico) conferido a unas y otras, es decir, lo que en la actualidad se llama impropiamente un modelo cognitivo, en realidad, afectivocognitivo (estimativocognitivo). Más allá de las evidencias que, en la práctica, hay que conceder a las denotaciones de perceptos externos e internos, se entra en un terreno en el que las creencias adquieren singularidad y preeminencia: singularidad porque, aunque en gran parte prestadas socioculturalmente, son individuales, y preeminentes porque son el eje sobre el que se vertebra la posición del sujeto en su mundo, en su realidad.
En las inferencias (relación sujeto-sujeto) hay que diferenciar dos grupos: unos, de correctas e incorrectas; otros, de seguras e inseguras. Inferencia correcta es aquella que, cuando se aleja de la deducción y la implicación lógica, porque se entra en un terreno en el que no son aplicables, el sujeto lo advierte y procede de acuerdo a esta distanciación obligada mediante la construcción de una hipótesis. Inferencia segura es aquella a la que, pese a la laxitud lógica del proceso, el sujeto concede certidumbre o casi certidumbre. En efecto, en la arquitectura de una cosmovisión vemos los cuatro tipos de inferencias, en las que la incidencia de la afectividad juega un papel decisivo. Así, es fácil que un sujeto haga una inferencia correcta, con un margen de inseguridad o incertidumbre allí donde no está afectivamente comprometido con el objeto; pero donde se dan las condiciones opuestas, las inferencias tienden a hacerse incorrectas y a enunciarse como seguras. Para esas evidencias, sujetas al raciocinio, a la idea propiamente dicha, y para esas creencias en las que se instala el sujeto porque así encuentra base suficiente para soportar su propia vida, cabe el aforismo orteguiano: " las ideas se tienen; en las creencias se está". Ortega subraya algo que Valenciano -ya citado- utilizó para su concepción del delirio como forma de patología de la confianza, a saber: en contra de lo que podría parecer, las ideas son inseguras, se tienen y se pueden dejar de tener, y se tiene experiencia de cómo, tanto en la cotidianeidad cuanto en el planteamiento científico, ho hay idea estable; pero las creencias son seguras, se afirman con mayor rotundidad que las propias ideas, precisamente porque no se sostienen sobre el raciocinio, proceso siempre sujeto a progreso, a afinamiento, que hace posible que la idea de hoy deje de ser la de mañana. La razón de ello es que, a diferencia de lo que ocurre con las ideas, en las creencias nos va la (forma de ) vida.

jueves, 6 de mayo de 2010